Para el CER la educación secundaria es una etapa muy importante en la vida de nuestros alumnos. Nuestro punto de partida, y nuestro fin, es el joven al cual consideramos como algo único, irrepetible y vulnerable, pero sobre todo es alguien digno de respeto.
El respeto a la persona es el fundamento de cualquier actitud educadora, respetar al niño, al joven tal como es; conocer sus necesidades vitales, y respetar sus recursos personales, poner en juego lo que en él hay de mejor, dejarlo ser lo que puede ser, aunque esto no responda a lo que nosotros esperábamos de él.
Respetar al niño es llevarlo a trabajarse el mismo, llevarlo a ser el principal protagonista de su propia maduración; es despertar y valorar sus intereses profundos y apelar a su creatividad; es exigirle conforme a lo que puede, y no menos; es impulsar y no domar, exhortar y no imponer, es animar y no desalentar. Es dejarlo ser y ayudarlo.
Estamos plenamente convencidos de que la única forma de transformar el mundo es promoviendo en los alumnos una educación integral. Se suele confundir educación integral con una suma de educación intelectual, moral y física. Pero esto no es suficiente, hay que dar un paso más: la verdadera educación integral es aquella que parte de la unidad de la persona. La persona íntegra no es un conglomerado de actividades diversas, sino un ser capaz de poner su sello personal en las diferentes facetas de su vida. Trabajamos para que la persona crezca en todas sus dimensiones y capacidades, incluyendo la dimensión espiritual, por la que uno se encuentra con el propio misterio de la vida.
Aprender a ser, sin duda, es el contenido más difícil de enseñar y también de aprender. Y sin embargo, es el más importante para nuestra vida; es el aprendizaje que nos va a acompañar a lo largo de toda nuestra existencia y en todas nuestras dimensiones vitales; en nuestros estudios y en nuestra vida profesional, en nuestra vida familiar y en nuestra vida social, en nuestra vida interior.
Aprender a ser, es la asignatura principal de la adolescencia, y comprender ésta es fundamental en cualquier proyecto educativo que tenga por objetivo ayudar en la formación de los jóvenes que se encuentran en esta etapa de su desarrollo.
La adolescencia es una etapa de crecimiento especial que hace posible el paso de la infancia a la edad adulta. El adolescente ya no es un niño que depende en casi todo de sus padres, se conforma con las respuestas de ellos, busca continuamente su protección, pero, al mismo tiempo, todavía le falta mucho para ser un adulto que piense, decida y actúe por sí mismo. La adolescencia debe entenderse como un complejo proceso de maduración personal, como una etapa de inmadurez en busca de la madurez propia de la edad adulta.
El adolescente debe aprender en primer lugar a aceptar responsabilidades. Después debe aprender a asumir las consecuencias tanto de las decisiones que tome como de las que acepte. Ello implica a su vez, aprender a tomar decisiones personales y responsabilizarse de ellas. Necesita aprender a afrontar la realidad, a aceptarse a sí mismo. Por último, citaremos también la necesidad de aprender a convivir con los demás.
Nuestra orientación esta relacionada, en primer lugar a que se conozcan mejor a sí mismos, con sus posibilidades y limitaciones. En segundo lugar esta encaminada a que obtenga una noción correcta de qué es libertad y como hacer uso de ella, por lo que debemos aprovechar todas las ocasiones para hacerle pensar; que analice los hechos y aprenda a descubrir cuál es el problema antes de actuar, que se entrene en el descubrimiento de causas y consecuencias en los fenómenos de la vida cotidiana.
Un tercer objetivo tiene que ver con el aprendizaje de la convivencia y el buen uso del tiempo libre. así como guiarles en la tarea de defenderse de las influencias negativas del medio ambiente, especialmente las que se derivan de la manipulación publicitaria, de la sexualidad y de los valores.